Resurrección
Resurrección Con las mujeres iban por su propio pie niños y niñas. Estos niños, lo mismo que los potrillos entre la yeguada, se apretujaban contra las detenidas. Los hombres se colocaban en la fila en silencio, sólo de vez en cuando tosían o hacían alguna pequeña observación. Entre las mujeres se oía una conversación incesante. A Nejliúdov le pareció que había reconocido a Máslova cuando salió; pero luego se perdió entre la gran masa y sólo vio una multitud gris, como privada de propiedades humanas y, sobre todo, femeninas, con niños y sacos, que se iban colocando detrás de los hombres.
A pesar de que a todos los presos ya les habían pasado lista en la prisión, los de la escolta se pusieron otra vez a hacer el recuento, comparándolo con el anterior. Esto se prolongó durante mucho tiempo, sobre todo porque algunos presos se movían pasando de un sitio a otro, equivocando la cuenta. Los soldados de la escolta regañaban y empujaban irritados a los culpables, y de nuevo comenzaban el recuento. Cuando terminó, el oficial de la escolta dio una orden y en la multitud se produjo un revuelo. Los hombres, mujeres y niños enfermos se precipitaron hacia los carros, adelantándose los unos a los otros, echaron allí sus cosas y luego empezaron a subir ellos. Subían y se sentaban, mujeres con niños de pecho que lloraban, niños alegres que se disputaban el sitio y hombres tristes y de aspecto taciturno.