Resurrección
Resurrección —Que lo lleven al depósito —dijo el sargento—. Y tú entonces ven a la oficina para firmar —añadió al soldado de la escolta, que no se apartaba del preso.
—A la orden —respondió el soldado.
Los guardias levantaron el cadáver y lo llevaron otra vez escaleras abajo. Nejliúdov querÃa ir detrás de ellos, pero el loco le retuvo.
—Usted no está compinchado con ellos, entonces deme un pitillo.
Nejliúdov sacó la pitillera y se lo dio. El loco, moviendo las cejas, empezó a hablar muy de prisa y a contarle cómo le atormentaban con amonestaciones.
—Están todos en contra mÃa, y me atormentan a través de sus mediums…
—Perdóneme —cortó Nejliúdov, y sin terminar de escucharle salió al patio, deseando saber dónde llevaban al muerto.
Los guardias con su carga ya habÃan atravesado todo el patio y entraban por la puerta del sótano. Nejliúdov quiso entrar, pero el sargento le detuvo.
—¿Qué quiere usted?
—Nada —respondió Nejliúdov.
—Nada, pues ¡lárguese!
Nejliúdov obedeció y se fue hacia su coche. El cochero dormitaba. Nejliúdov le despertó y se marcharon otra vez hacia la estación.