Resurrección
Resurrección —¿Por qué ocurre eso? ¿Que se mueran de insolación? Pues así; permanecen inactivos y sin luz todo el invierno, y de pronto los llevan al aire. Y un día como hoy tienen que andar entre la multitud, sin una brizna de aire. Y sobreviene la insolación.
—¿Y por qué los mandan así?
—¡Ah! Eso pregúnteselo a ellos. Pero bueno, ¿usted quién es?
—Soy un extraño.
—¡Ah! Encantado, no tengo tiempo —exclamó el médico, y con fastidio, estirándose hacia abajo el pantalón, se marchó hacia los catres de los enfermos.
—Bueno, ¿cómo va lo tuyo? —preguntó al hombre pálido de la boca torcida y el cuello vendado.
El loco estaba sentado en su catre, había dejado de fumar y escupía en dirección al médico.
Nejliúdov bajó al patio y pasó entre los caballos y las gallinas de los bomberos, y ante el centinela del casco de cobre subió al coche cuyo cochero dormitaba otra vez, y se marchó a la estación.