Resurrección
Resurrección —Aunque las reparta, lo único que puedo decirte es que todo lo demás será para tus hijos, porque no es nada probable que me case, y si me caso, no tendré hijos…, asà que…
—Dimitri, por favor, no hables de eso —decÃa Natalia Ivánovna; sin embargo, Nejliúdov veÃa que estaba contenta de haber escuchado lo que dijo.
Delante, frente al vagón de primera clase, habÃa un pequeño grupo de gente que todavÃa miraba al vagón en el que habÃan subido a la princesa Korcháguina. Todos los demás ocupaban sus sitios. Los viajeros retrasados, apresurándose, golpeaban las tablas del andén con sus pisadas, los revisores cerraban las puertas, invitando a los viajeros a subir y rogando a los acompañantes que descendieran.
Nejliúdov subió al vagón recalentado por el sol y maloliente, y salió a la plataforma.