Resurrección
Resurrección Todo marchaba sin interrupciones, deprisa y no sin cierta solemnidad. Esta rectitud, continuidad y solemnidad, agradaban sin duda a los que participaban en ellas, confirmando su sensación de que estaban realizando un serio e importante deber social. También Nejliúdov experimentó esa sensación.
Tan pronto como los jurados tomaron asiento, el presidente del Tribunal les dirigió una alocución acerca de sus derechos, obligaciones y responsabilidades. Mientras pronunciaba su discurso, el presidente cambiaba continuamente de postura: apoyándose en la mano izquierda, en la derecha, en el respaldo o en los brazos del sillón, igualaba las hojas de papel o acariciaba la plegadera o jugueteaba con el lapicero.
Los derechos de los miembros del jurado, según sus palabras, consistÃan en hacer preguntas a los acusados por medio del presidente del Tribunal, disponer de lápiz y papel y examinar las pruebas de convicción. Su obligación, en no juzgar de un modo falso, sino con justicia. Su responsabilidad en guardar el secreto de las deliberaciones; en caso contrario se exponÃan a ser castigados.
Todos escucharon con respetuosa atención. El comerciante, que esparcÃa en torno suyo olor a vino y trataba de contener el hipo, aprobaba cada frase con un movimiento de cabeza.