Resurrección
Resurrección Admiraba a todos sus nuevos compañeros, pero más que a nadie a María Pávlovna, y no sólo sentía admiración por ella, sino que le tomó un cariño especial, lleno de respeto y entusiasmo. Le sorprendió que esta bonita muchacha, hija de un general rico, que hablaba tres idiomas, se comportara como la más sencilla trabajadora, repartiendo entre los demás todo lo que le mandaba un hermano suyo muy rico. Se vestía y calzaba no ya con sencillez, sino con pobreza, y no se preocupaba en absoluto de su aspecto físico. Este rasgo —la ausencia de coquetería— asombraba especialmente a Máslova y la fascinaba. Máslova observaba que a María Pávlovna no le agradaba la impresión que producía en los hombres su aspecto exterior, lo temía y sentía repulsión por el enamoramiento. Sus compañeros lo sabían y los que se sentían atraídos por ella no se permitían demostrarlo y la trataban como a un camarada. Pero los que no la conocían la asediaban con frecuencia y, según contaba, se había salvado de ellos gracias a su extraordinaria fuerza física. «En una ocasión —contaba riéndose— se me acercó en la calle un señor y por nada del mundo quería retirarse, entonces le zarandeé de tal forma que salió corriendo asustado.»