Resurrección
Resurrección El oficial miraba a Nejliúdov y, por lo visto, esperaba con impaciencia a que terminase para continuar su relato de la húngara de ojos persas, la cual, sin duda, se le aparecÃa vivamente en el recuerdo, y absorbÃa toda su atención.
—SÃ, asà es. Admitamos que es cierto —concedió—. Yo los compadezco, pero yo querÃa contarle lo de esa Emma. Resulta que lo que ella hacÃa…
—No me interesa —dijo Nejliúdov—, y le diré claramente: aunque antes era distinto, ahora aborrezco esas relaciones con las mujeres.
El oficial miró asustado a Nejliúdov.
—¿No le apetece un poquito más de té?
—No, muchas gracias.
—¡Bernov! —gritó el oficial—. Acompáñale a Bakulov, que le deje pasar a la sala de los polÃticos. Puede estar allà hasta el recuento.