Resurrección

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Nejliúdov echó un vistazo por la puerta. Toda la sala estaba llena de mujeres y hombres, encima y debajo de los catres. La sala estaba llena de vaho de la ropa mojada puesta a secar, inundada por el griterío de voces femeninas. La puerta siguiente era la de los solteros. En ésta, más llena aún, incluso en la puerta y en el pasillo permanecían grupos ruidosos, con la ropa mojada, que se repartían algo. El soldado le explicó a Nejliúdov que el cabecilla estaba repartiendo el dinero que recibían los presos para su manutención conforme a sus deudas y beneficios de juegos. Al ver al suboficial y a un señor, los que estaban más cerca guardaron silencio, mirándoles con hostilidad. En el grupo del reparto Nejliúdov vio a Fedótov, un condenado a trabajos forzados que conocía. Estaba siempre con un joven de aspecto lastimero, cara pálida y abotagada, cejas enarcadas, y con un vagabundo repulsivo, picado de viruelas y sin nariz, del que se decía que durante una fuga había matado a su compañero en el bosque y se lo había comido. El vagabundo estaba en el pasillo con el guardapolvo mojado sobre un hombro y miró a Nejliúdov con expresión burlona e insolente, sin apartarse. Nejliúdov tuvo que dar un rodeo.





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