Resurrección
Resurrección Por conocido que le resultara a Nejliúdov este espectáculo, por más veces que lo hubiese visto por espacio de tres meses a aquellos cuatrocientos presos comunes en las más diversas situaciones: durante el calor, envueltos en una nube de polvo que levantaban con las cadenas al arrastrar los pies, en los descansos al llegar a la ciudad, en el patio donde se detenÃa la columna en tiempos de calor, donde se desarrollaban espantosas escenas de depravación a la vista de todos, de todas formas, cuando se encontraba entre ellos, como ahora, y todos dirigÃan hacia él su atención, experimentaba una atormentadora sensación de vergüenza y de culpabilidad. Lo más tremendo era que a esa sensación de culpabilidad se unÃan un horror y repulsión invencibles. SabÃa que en la situación en que se encontraban no podÃan ser de otra forma a como eran. Pero no podÃa ahogar su repulsión hacia ellos.
—¡Viven bien esos gorrones! —oyó Nejliúdov, cuando se acercaba a la puerta de los polÃticos—. Qué se les va a hacer. ¡Malditos diablos! No hay miedo, no se les retorcerán las tripas de hambre —dijo una voz ronca, añadiendo una palabrota fuerte.
Se oyó una risa burlona y hostil.