Resurrección
Resurrección —¿Qué protestas? —preguntó Kryltsov, con una mueca despectiva; por lo visto la falsedad, el tono afectado y la excitación de Vera Efrémova le irritaban—. ¿Busca usted a Katia? —preguntó a Nejliúdov—. Está siempre trabajando, limpiando. Ha limpiado la sala de hombres, ahora está con las mujeres. Pero no puede eliminar las pulgas, nos están comiendo. ¿Y qué hace ahà Masha? —preguntó señalando con la cabeza el rincón donde se hallaba MarÃa Pávlovna.
—Está despiojando a su hija adoptiva —respondió Rántseva.
—¿No nos va a llenar de piojos? —preguntó Kryltsov.
—No, no. Lo hago con cuidado. Ahora está limpia —explicó MarÃa Pávlovna—. Quédese con ella —dijo a Rántseva—, y yo voy a ayudar a Katia. Y le voy a traer una manta a éste.
Rántseva cogió a la niña y, con maternal ternura, apretó sus rollizos y desnudos bracitos, se la sentó en las rodillas y le dio un terrón de azúcar.
MarÃa Pávlovna salió; inmediatamente entraron los hombres con el agua hirviendo y las provisiones.