Resurrección
Resurrección —¿Y qué puedo hacer yo? Eso depende de ella —dijo Nejliúdov.
—SÃ, pero ella no decidirá esto sin usted.
—¿Por qué?
—Porque mientras la cuestión de sus relaciones con ella no quede definitivamente zanjada, no puede decidir nada.
—Por mi parte, la cuestión está definitivamente resuelta. Deseaba hacer lo que considero un deber y, además, mejorar su suerte, pero no deseo cohibirla en ningún caso.
—SÃ, pero ella no quiere su sacrificio.
—No hay ningún sacrificio.
—Sé que su decisión sobre este punto es inalterable.
—Bueno, entonces ¿para qué hablar conmigo?
—Necesita que usted también reconozca eso.
—Cómo puedo reconocer lo que no debo hacer, lo que considero un deber. Lo único que puedo decir es que yo no soy libre y ella sà es libre.
Simonson guardaba silencio y meditaba.
—Está bien, asà se lo diré a ella. No crea usted que estoy enamorado de ella —continuó—. La quiero como a una persona encantadora, poco común, que sufre mucho. No necesito nada de ella, pero tengo unos deseos enormes de ayudarla, de aliviar su situa…