Resurrección
Resurrección —¿Neviérov un fantaseador? —habló de pronto Kryltsov ahogándose, como si hubiese gritado durante mucho tiempo o hubiera estado cantando—. Neviérov era un hombre de los que, como decÃa nuestro portero, pare pocos la tierra. SÃ…, era un hombre de alma pura, se transparentaba. SÃ…, no es que no pudiera mentir, es que era incapaz de fingir. No es que tuviera la piel fina, sino que parecÃa no tenerla en absoluto, como si estuviera despellejado y todas las venas al descubierto. SÃ…, era una naturaleza compleja y rica, no como… Pero ¡para qué hablar! —guardó silencio—. Discutimos acerca de qué es mejor —frunció con malicia el ceño, y dijo—: si primero instruir al pueblo y después cambiar la forma de vida, o cambiar primero la forma de vida y luego ¿qué hacer?, propaganda pacÃfica, el terror… Lo discutimos, sÃ. Pero ellos no discuten, ellos conocen su trabajo, les da lo mismo que perezcan o no perezcan decenas, cientos de hombres, ¡y qué hombres! Por el contrario, precisamente necesitan que caigan los mejores. Herzen decÃa que cuando a los decembristas los proscribieron hicieron bajar el nivel social de Rusia. ¡Ojalá no lo hagan bajar más! Luego, proscribieron a Herzen y a sus seguidores. Ahora, a los Neviérov…
—No aniquilarán a todos —argumentó Nabátov con voz animada—. Siempre quedarán para la procreación.