Resurrección
Resurrección A pesar de la conversación inesperada e importante que había tenido por la tarde con Simonson y Katiusha, no se detuvo en este acontecimiento. Era un problema demasiado complejo y al mismo tiempo vago, y por eso alejaba la idea del mismo. Pero recordaba vivamente la vida de estos desgraciados seres que se ahogaban en el aire asfixiante y se revolcaban sobre el líquido que salía del cubo maloliente. Sobre todo, recordaba a ese niño de cara inocente que dormía sobre el pie del presidario, y que no se le iba de la cabeza.
Pensar que lejos, en alguna parte, unos hombres atormentaban a otros, sometiéndoles a toda serie de humillaciones y sufrimientos, es muy distinto a presenciarlo a lo largo de tres meses. Y Nejliúdov lo había experimentado. Más de una vez, en el transcurso de ese tiempo, se preguntaba: «¿Estoy loco porque veo lo que otros no ven o están locos los que hacen lo que veo?». Pero las personas que ejecutaban lo que tanto le sorprendía y horrorizaba —¡y había tantas!— tenían la plena seguridad de que no sólo debía ser así, sino que realizaban una cosa muy importante y positiva. Por tanto, resultaba difícil reconocer a toda esta gente como locos, y tampoco se podía reconocer loco porque se daba cuenta de la claridad de su pensamiento. Y por ese motivo se encontraba continuamente perplejo.