Resurrección
Resurrección Sólo con el cultivo sistemático del vicio, como medida de esas instituciones, era posible conducir al hombre ruso al estado en que se encontraban esos vagabundos, precursores de la novísima doctrina de Nietzsche, los cuales, considerando todo posible y nada prohibido, lo divulgaban primero entre los presos y luego entre el pueblo.
La cínica explicación de todo lo que sucedía obligaba a suprimir, intimidar y corregir, por medio de castigos legales, a determinados miembros peligrosos para la sociedad, según decían los libros. Pero en realidad no existía nada de eso. En lugar de la intimidación se estimulaba a los criminales, muchos de los cuales, como los vagabundos, iban voluntariamente a la cárcel. En lugar de corrección se propagaba un contagio sistemático de todos los vicios. La necesidad de desquite no sólo no se paliaba con los castigos gubernamentales, sino que surgía en el pueblo donde no existía.
«Entonces ¿para qué hacen esto?», se preguntaba Nejliúdov, y no encontraba respuesta.
Y lo que más le sorprendía es que estas atrocidades no se hacían por casualidad ni por descuido, y no una vez, sino que sucedían continuamente, en el transcurso de cientos de años, con la única diferencia de que antes se arrancaban las narices y cortaban las orejas a los presidiarios, y eran conducidos en balsas, mientras que ahora se les esposaba y se les llevaba en barcos.