Resurrección
Resurrección Al conocer más de cerca las cárceles y las etapas, Nejliúdov vio que los vicios que se desarrollaban entre los presos: la borrachera, el juego, la crueldad, todos esos horribles crímenes, realizados por los presos, como el canibalismo, no son casuales ni tampoco manifestaciones de la degeneración, ni de la monstruosidad del presunto criminal, inventado por los sabios al servicio de las autoridades, sino una consecuencia inevitable de la absurda aberración en que incurren los hombres al atribuirse el derecho de castigar los unos a los otros. Nejliúdov vio que el canibalismo no empezaba en la taiga, sino en los ministerios, comités y departamentos, pero sí finalizaba en el bosque. Había observado también que a su cuñado, por ejemplo, y a los magistrados y funcionarios, no les importaba en absoluto la justicia y el bien del pueblo, de los que hablaban, y a todos ellos les interesaban únicamente los rublos que les pagaban para que hicieran aquello que daba como resultado la perversión y el sufrimiento. Eso estaba muy claro.