Resurrección
Resurrección La carretera estaba surcada por profundos hoyos producidos por las ruedas, y atravesaba un espeso bosque de coníferas. A ambos lados, las hojas que todavía conservaban los álamos y los alerces ofrecían un amarillo fuerte y otro terroso. A la mitad del trayecto se acabó el bosque. A ambos lados del camino se extendían campos abiertos y a lo lejos aparecían las cruces doradas y las cúpulas de los monasterios. El día había mejorado, se dispersaron las nubes y el sol, por encima de los árboles del bosque, iluminaba vivamente las hojas mojadas, los charcos, cúpulas y cruces. Delante, a la derecha, en la lejanía azul, blanqueaban unos montes. El trineo entró por los arrabales a una gran ciudad. La calle principal estaba llena de rusos y extranjeros, que lucían gorros y trajes extraños. Hombres y mujeres, borrachos y serenos, iban de un lado a otro. Algunos voceaban junto a las tiendas, tabernas y carros. Se notaba la cercanía de la ciudad.