Resurrección
Resurrección —¿Yo? Mucho. Hace ya veintitrés años que me persiguen.
—¿Cómo que le persiguen?
—Como persiguen a Cristo, lo mismo me persiguen a mÃ. Me detienen, me llevan ante los jueces, popes, escribanos, fariseos… Me metieron en un manicomio. Pero no me pueden hacer nada, porque yo soy libre. «¿Cómo te llamas?», me preguntan. Piensan que voy a atribuirme un nombre. Pero no me atribuyo ninguno. He renunciado a todo: no tengo nombre, ni sitio, ni patria, no tengo nada. Yo soy yo. ¿Cómo me llamo? Hombre. «¿Cuántos años tienes?» Yo respondo: no los cuento y no se pueden contar, porque siempre he existido y siempre existiré. «¿Quiénes son —preguntan— tu padre y tu madre?» No, respondo, no tengo padre ni madre, salvo Dios y la tierra. «¿Y al zar —preguntan— lo reconoces?» ¿Por qué no he de reconocerlo? Él es zar para sà mismo y yo soy zar para mÃ. «Bueno —me dicen—, no se puede hablar contigo.» Y yo digo: yo no te pido que hables conmigo. Y asà me atormentan.
—¿Y dónde va usted ahora? —preguntó Nejliúdov.
—Donde Dios me lleve. Trabajo, y si no lo tengo, pido limosna —concluyó el viejo al ver que se acercaban a la orilla, y lanzó una mirada triunfante sobre todos los que le escuchaban.