Resurrección
Resurrección A pesar de su gran alteración, mirando a Nejliúdov, habÃa pronunciado estas palabras de un modo rápido, claro y tajante, como si hubiera preparado de antemano lo que tenÃa que decir.
—¡Vaya! —exclamó Nejliúdov.
—Qué quiere usted, Dimitri Ivánovich, si él quiere que viva con él —se detuvo asustada, y se corrigió—, si desea que esté a su lado. ¿Qué mejor cosa puedo desear? tengo que considerarlo como una felicidad. ¿Qué puedo yo…?
«Una de dos: o está enamorada de Simonson y no desea en absoluto el sacrificio que yo creà que le ofrecÃa o continúa queriéndome y por mi propio bien renuncia, y quema para siempre sus naves uniendo su destino al de Simonson», pensó Nejliúdov y le dio vergüenza. Se percató de que estaba enrojeciendo.
—Si usted le quiere…
—¿Qué importa eso? Lo he dejado ya eso. Además, Vladimir Simonson es un hombre especial.
—SÃ, por supuesto —empezó Nejliúdov—. Es un hombre estupendo y creo…
Le interrumpió de nuevo, como temiendo que dijese algo de más o que ella no acabara de decir todo.
—No, Dimitri Ivánovich, usted perdóneme, si no hago lo que usted quiere —dijo mirándole a los ojos con su mirada bizca y misteriosa—. Se ve que las cosas han salido asÃ. Y usted necesita vivir.