Resurrección
Resurrección —Lo ha mandado la PolicÃa, por indocumentado. Les pedimos que no nos los manden, pero no nos hacen caso —dijo el director mirando enfadado al viejo.
—Por lo visto ¿tú también perteneces al ejército del Anticristo? —preguntó el viejo a Nejliúdov—. ¿Y qué? ¿Has venido a admirar cómo martiriza a la gente el Anticristo? Mira, los ha cogido y los ha encerrado en una jaula, todo un ejército. Los hombres tienen que comer el pan con el sudor de su frente, y él los ha encerrado. Como a los cerdos, les da de comer sin que trabajen, para que se conviertan en fieras.
—¿Qué es lo que dice? —preguntó el inglés.
Nejliúdov le contó que el viejo censuraba al director por tener a la gente privada de libertad.
—Pregúntele cómo hay que proceder, según su criterio, con los que no observan las leyes —dijo el inglés.
Nejliúdov tradujo la pregunta.
El viejo se echó a reÃr de una forma extraña, y enseñó su dentadura que conservaba completa.
—¡La ley! —exclamó con desprecio—. Primero ha acaparado todo, ha quitado las tierras y las riquezas a la gente, y lo ha guardado para sÃ, suprimiendo a los que iban contra él, y luego creó las leyes para que no robasen y no matasen. TenÃa que haber escrito las leyes antes.
Nejliúdov tradujo. El inglés sonrió.