La Bastarda
La Bastarda —¡El espÃritu de su padre ha maldecido la tierra! —grita—. ¡Por eso no hay cosechas ni hombres fértiles!
La realidad de Okomo empieza a descomponerse. ¿Puede una urna con cenizas cambiar el clima? ¿Puede una identidad condenar a una comunidad entera? Y si Marcelo es tan malvado, ¿por qué es el único que la trata como una persona?
Esa noche, al dormir entre colchones manchados y orines infantiles, Okomo piensa en escapar. Pero no sabe a dónde. Solo siente una certeza: en ese mundo de hombres que exigen obediencia y mujeres que lloran en silencio, ella está empezando a desear algo que no sabe nombrar.
La presión crece como la humedad en la selva: densa, pegajosa, inevitable. Osá quiere una respuesta. ¿Marcelo cumplirá o no su deber tribal? Okomo intenta repetir el mensaje: su tÃo no participará en ese ritual grotesco. El rostro de Osá se endurece.
—Ese hombre-mujer no tiene respeto. Traiciona nuestra sangre —escupe, mientras sus ojos brillan con furia.
