Stalin

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Al pasar en marzo de 1901 al estado ilegal, Koba se convirtió en un revolucionario profesional. A partir de entonces ya no tuvo nombre, por tener muchos. En diversos períodos, y en ocasiones al mismo tiempo, se llamó «David», «Koba», «Nizehradze», «Chizhijov», «Ivanovich», «Stalin». Análogamente, los gendarmes le aplicaban sus apodos particulares. El más persistente de ellos fue el de «Ryaboi», que aludía a su cara picada de viruelas. En adelante Koba sólo volvería al estado legal en la prisión o en el destierro, esto es, entre dos períodos de trabajo «subterráneo».

«Nunca se apartó de la unidad de propósito —escribía Yenukidze sobre el joven Stalin en sus Memorias corregidas—. Todas sus acciones, choques, amistades, se dirigían a un objetivo definido... Stalin nunca buscó la popularidad personal —añade—, y limitaba el círculo de sus relaciones a los trabajadores avanzados y a los agitadores profesionales.» La finalidad de esta muletilla repetida en muchas Memorias oficiales, es explicar por qué, hasta el momento mismo de su exaltación al poder, Stalin permaneció ignorado de las masas de la nación y aun de los miembros del Partido en general. La buscaba con ansia, sin poder encontrarla. Desde el principio, la falta de popularidad le tuvo amarrado. Precisamente su incapacidad para ganarse fama en un ataque frontal, empujaba su vigorosa personalidad hacia caminos extraviados y tortuosos.


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