Stalin
Stalin En el folleto Nuestros problemas políticos, escrito por mí en 1904, y que contiene no poco de prematuro y erróneo en mi crítica de Lenin, hay, no obstante, páginas que ofrecen una caracterización bastante justa del modo de pensar de los «hombres de Comité» de aquellos días, que «se habían adelantado a la necesidad de contar con los trabajadores después de haber encontrado éstos apoyo en los «principios del centralismo». La pugna que Lenin se vio obligado a sostener el año siguiente en el Congreso contra los altos y poderosos «hombres de Comité», confirmó cumplidamente la justeza de mi crítica. «Los debates asumieron un carácter más apasionado —refiere Lyadov, uno de los delegados—. Comenzaron a surgir allí agrupamientos, como teóricos y prácticos, «literarios» y «hombres de Comité». En el curso de estas disputas, el trabajador Rikov uno de los más jóvenes, se destacó resueltamente. Consiguió reunir en torno suyo una mayoría de los «hombres de Comité». Las simpatías de Lyadov estaban con Rikov. «No pude contenerme —exclamó Lenin en sus concluyentes observaciones— al oír que no había obreros aptos para miembros de Comité.» Recordemos aquí la insistencia de Koba al pedir trabajadores de Tiflis que reconociesen «con la mano sobre el corazón» que entre ellos ninguno había en condiciones de recibir las órdenes sagradas de la casta sacerdotal. «La cuestión se está dilatando —persistía Lenin—. Evidentemente hay una enfermedad en el Partido.» Esta enfermedad era el despotismo de la máquina política, el comienzo de la burocracia.