Stalin
Stalin La disgregación de la Revolución iba extinguiendo la iniciativa de ataque, y ésta pasaba a manos del Gobierno, que por entonces se esforzaba en calmar sus propios nervios deshechos. En otoño e invierno, los partidos revolucionarios comenzaron a resurgir de la ilegalidad. Las justas continuaron a visera levantada. Los agentes de la policía zarista vinieron a conocer al enemigo por su fisonomía, en conjunto e individualmente. El reinado del terror comenzó el 3 de diciembre de 1905, con la detención del Soviet de San Petersburgo. Todos los comprometidos que no pudieron esconderse cayeron a su tiempo en las garras de la policía. El triunfo del almirante Dubassov sobre los combatientes de Moscú añadió más ruindad a los actos corrientes de represión. Entre enero de 1905 y la convocatoria de la primera Duma el 27 de abril (10 de mayo) de 1906, el Gobierno zarista, según cálculos aproximados, había matado a más de catorce mil hombres, ejecutado a más de mil, herido a veinte mil y detenido, deportado y encarcelado a unos sesenta mil. La mayoría de las víctimas sucumbieron en diciembre de 1905 y durante los primeros meses de 1906. Koba no se ofreció como «blanco de tiro». No fue herido, ni deportado o detenido. Ni siquiera tuvo necesidad de esconderse. Permaneció como antes en Tiflis. Esto no puede explicarse en modo alguno como habilidad personal o accidente afortunado. Le fue posible acudir a la Conferencia de Tammerfors secretamente, a hurtadillas. Pero no era posible en absoluto conducir el movimiento de masas de 1905 a escondidas. Ningún «afortunado accidente» pudo haber preservado a un agitador activo en el pequeño Tiflis. En realidad, Koba se mantuvo apartado de los importantes sucesos a tal punto que la policía no fijó en él su atención. A mediados del año 1906 continuaba vegetando en la redacción de un periódico bolchevique legal.