Stalin
Stalin En 1930, ya de setenta y un años, Ekaterina, que entonces vivía en las modestas habitaciones de un criado, en lo que fue antes el palacio de virrey en Tiflis, contestando a las preguntas de unos periodistas, dijo por mediación de un intérprete: «Soso (José) fue siempre un excelente chico... Nunca me dio motivo para castigarle. Estudiaba con ahínco, siempre estaba leyendo o discutiendo, con el afán de entenderlo todo... Soso fue mi único hijo. Naturalmente, le quería muchísimo... Su padre, Vissarion, quería hacer de él un buen zapatero. Pero su padre murió cuando Soso tenía once años... Yo no quería que fuese zapatero. Sólo deseaba una cosa: que se hiciera pope.» En verdad, Suvarin recogió una información muy distinta entre los georgianos de París: «Sabían de Soso que era muy duro, insensible, que trataba a su madre sin respeto, y en apoyo de sus reminiscencias citaban “penosos lances”.» El biógrafo mismo advierte, sin embargo, que sus informes procedían de los enemigos políticos de Stalin. En aquel grupo, además, circulaban también no pocas leyendas, sólo que en sentido inverso. Iremashvili, por su parte, insiste mucho sobre la fervorosa devoción de Soso hacia su madre. En realidad, el muchacho no podría haber tenido otros sentimientos hacia la bienhechora de la familia y protectora suya contra las violencias de su padre.