Stalin
Stalin En 1890, seguramente poco después de morir su padre, Soso, que entonces tenía once años, entró con una cartera de percal bajo el brazo en la escuela teológica. Según sus condiscípulos, el chiquillo puso gran empeño en aprender su catecismo y sus oraciones. Gogojiya hace observar que gracias a «su extraordinaria memoria», Soso recordaba las lecciones literalmente de oírlas al maestro, sin necesidad de repasarlas. En realidad, la memoria de Stalin (al menos su memoria para retener teorías) es francamente mediocre. Pero, de todos modos, para recordar en clase no era necesario prestar excesiva atención. Por entonces, el orden sacerdotal era, sin duda alguna, la ambición suprema del mismo Soso. La resolución estimulaba sus aptitudes y su memoria. Otro condiscípulo, Kapanadze, testifica que durante los trece años de internado y en los treinta y cinco de su actividad pedagógica, nunca tuvo ocasión de encontrar a «un discípulo tan capaz y bien dotado» como José Djugashvili. Y el mismo Iremashvili, que escribió su libro no en Tiflis, sino en Berlín, afirma que Soso era el mejor alumno de la escuela teológica. En otros testimonios hay, no obstante, importantes zonas oscuras. «Durante los primeros años, en los grados preparatorios —dice Glurdzhidze—, José estudió soberbiamente, y con el tiempo, al revelar aptitudes brillantes cada vez mayores, llegó a ser uno de los mejores alumnos.» En este artículo, que presenta todas las señales de un panegírico escrito por orden superior, la circunspecta frase «uno de los mejores», indica claramente que José no era el mejor, ni superior al resto de la clase, ni extraordinario. De idéntica naturaleza son los recuerdos de otro condiscípulo, Elisabedashvili. «José —dice— era uno de los más inteligentes y uno de los más listos.» En una palabra, no era el más listo. Así nos vemos inclinados a sospechar que, o bien varió su posición escolar en los diversos grados o cursos, o bien algunos de los autores de memorias, pertenecientes por su parte a la retaguardia de la instrucción, no eran duchos en seleccionar a los mejores alumnos.