Stalin
Stalin [Hacia fines del verano siguiente mejoró algún tanto, cesó la continua pesadilla del insomnio, comenzó a andar, pudiendo de nuevo hablar otra vez. En octubre, ya en condiciones de andar apoyado en un bastón, se hizo conducir a Moscú, donde visitó su despacho del Kremlin y al regresar a Gorki se detuvo en la Exposición de Agricultura que se estaba organizando entonces. Diariamente le volvía el uso de la palabra. No parecía ya lejano el día de su completo restablecimiento. Y entonces, al despertarse indispuesto el 20 de enero de 1924, se quejó de dolor de cabeza, inapetencia y malestar general. El siguiente día volvió a sentirse mal, almorzó y comió ligeramente, a instancias de los que le rodeaban. Después de comer se echó un rato. A las seis de la tarde le sobrevino un fuerte ataque su respiración se hizo cada vez más fatigosa, se puso pálido, le subió la temperatura a saltos, y perdió el conocimiento, muriendo a los cinco minutos. Una hemorragia cerebral paralizó sus órganos respiratorios y la vida se extinguió dentro de él. Justamente quince años y siete meses a partir de entonces, la vida de su colaborador en lo que el mundo conoció como Gobierno Lenin-Trotsky había de cesar asimismo por hemorragia cerebral, esta vez provocada en forma menos sutil por el golpe de piqueta de un asesino. Lenin tenía cincuenta y cuatro años menos tres meses cuando murió; Trotsky era, al morir, siete años más viejo. Stalin, a quien su más devoto admirador entre los periodistas americanos, tras diecisiete años de pacientes servicios, habría de describir como «un animal de presa, que juguetea primero con su víctima para recrearse en su fuerza, y luego la inmoviliza a golpes, y retrocede a observar el efecto, matándola por último», ha sobrevivido a ambos. Durante la enfermedad de Lenin se cuidó de asentar los medios de esta supervivencia.