Su moral y la nuestra
Su moral y la nuestra Antes de pasar a los demás moralistas, detengámonos un instante en el prospecto publicado por el editor francés de nuestro pequeño libro. El fin mismo de un prospecto es, ya sea recomendar el libro, ya sea, cuando menos, exponer objetivamente su contenido. Estamos ante un prospecto de muy distinto género. Baste citar un solo ejemplo: "Trotsky piensa que su partido, antiguamente en el poder y hoy en la oposición, siempre ha representado el verdadero proletariado, y él mismo, la verdadera moral. Deduce, por ejemplo, esto: fusilar rehenes cobra un significado enteramente distinto, según que la orden sea dada por Stalin o por Trotsky". Esta cita basta plenamente para forjarse una idea del comentarista, que se ha quedado oculto entre bambalinas. El derecho de velar sobre el prospecto es derecho indiscutible del autor. Pero puesto que en nuestro caso el autor vive del otro lado del océano, algún "amigo", aprovechando evidentemente la falta de información del editor, se ha deslizado en el nido ajeno y ha depositado allí su huevo, -- ¡oh!, un huevecillo, sin duda, un huevo casi virginal-. ¿Quién es el autor del prospecto? Víctor Serge, traductor del libro y, al mismo tiempo, su severo censor, puede proporcionar fácilmente la información necesaria. No me asombraría, si se descubriera que el prospecto fue escrito… no por Víctor Serge, claro está, sino por uno de sus discípulos, que imita al maestro tanto en el pensamiento como en el estilo. Pero, después de todo, ¿no será el maestro mismo, es decir, Víctor Serge, en su calidad de "amigo" del autor?