El caballero de la carreta

El caballero de la carreta

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Al rey le entristece su promesa. Pero la confirma, y a su pesar no se desdice de ella; pero lo hace con amargura y tristeza, como se muestra bien en su rostro.

Mucho se apesadumbró la reina; y todos comentan en el palacio que orgullo, exceso y sinrazón había sido la petición de Keu, Tomó el rey a la reina de la mano y así le dijo:

«Señora, sin protestas conviene que marchéis».

Y Keu contestó:

«¡Bien, dejadla a mi cuidado! ¡Y no temáis más nada, que la volveré a traer muy bien sana y salva!».

El rey se la confía y él se la lleva. En seguimiento de los dos salieron todos; y nadie estaba exento de preocupación.

Sabed que pronto el senescal estuvo completamente armado, y su caballo fue conducido al medio del patio. [200]A su lado estaba un palafrén, que no era indócil ni remolón, sino como conviene a la montura de una reina. Ésta llega a su palafrén, mortecina, doliente y suspirosa; lo monta mientras dice por lo bajo, para no ser oída:

«¡Ah rey, si lo supierais, creo que no permitiríais que Keu me alejara ni un solo paso!».

Creyó haberlo murmurado muy bajo; pero la oyó el conde Guinable, que muy cerca estaba de su montura.


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