El caballero de la carreta
El caballero de la carreta Al instante se acerca a la puerta e introduce el cuello y la cabeza por una ventana de al lado, y levanta la vista al asomarse así. Ve caer sobre él las espadas y súbito se retira de un brinco. Los dos caballeros no pudieron detener su ímpetu, una vez lanzados a descargar el golpe. En tierra dan con sus espadas con tal fuerza que ambas se hicieron pedazos.
Una vez quebrados los aceros, él tuvo menos aprecio por las hachas y menos temió a quienes las manejaban. Con que salta entre ellos y de un golpe al costado hiere a un lacayo, y luego a otro. A los dos que encontró más cerca les da con puños y brazos hasta abatirlos fuera de combate. El tercero erró su golpe. Pero el cuarto le atina, al descargar el golpe. Del tajo rasga la capa y en todo el hombro lo hiere, de modo que su camisa y su blanca carne se tiñen de la sangre que gotea.
[1150]Pero nada consigue detenerle, ni se queja de su herida. Rápido avanza a grandes saltos y levanta, agarrándolo por las sienes, al que pretendía forzar a su anfitriona. ¡Bien podrá mantenerle su promesa, antes de partir!