El caballero de la carreta
El caballero de la carreta A pesar de su resistencia, alza en pie al rufián. Mientras, el que había fallado su golpe, corre hacia el caballero, a toda marcha, y blande en alto el hacha. Cree que lo va a hendir de un tajo, desde la cabeza hasta los dientes. Pero él sabe defenderse bien, y pone por delante al otro rufián. El del hacha le asesta el golpe allí donde el hombro se une al cuello, con tal furia que escinde uno de otro.
Entonces el caballero se apodera del hacha, la arrebata de las manos de su enemigo y arroja al herido. Bien le convenía defenderse, pues que contra él cargaban los tres felones con sus hachas, que muy duramente lo asedian. Con toda intención salta a parapetarse entre la cama y la pared. Les grita:
«¡Ahora, venga, todos contra mí! ¡Aunque fuerais veintisiete, ahora que tengo un parapeto os daré batalla a destajo; y no seré yo quien antes se fatigue de ella!».
La doncella, que contemplaba la escena, dice entonces:
«¡Por mis ojos, no tengáis cuidado desde ahora en adelante, mientras esté yo presente!».
Al momento manda retirarse a los caballeros y lacayos. Y se fueron todos de allí, sin demoras ni excusas.
Luego dijo la doncella: