El caballero de la carreta
El caballero de la carreta El caballero no tiene más que un solo corazón; y éste no está ya más en su poder, sino que está gobernado desde lejos y no lo puede prestar a otra persona. Entero lo obliga a fijarse en un lugar Amor, que sojuzga todos los corazones. ¿Todos? No, desde luego, tan sólo los que él aprecia. Bien se debe estimar en más, aquél que Amor se digna sojuzgar. Y el corazón del caballero apreciaba tanto, que lo sojuzgaba por encima de los demás, y lo colmaba de tremenda fiereza. Por tanto no quiero reprocharle si renuncia a lo que Amor le prohÃbe, y obedece lo que quiere Amor.
La doncella se da cuenta y entiende que aquél aborrece su compañÃa y se pasarÃa bien sin ella. No tiene intención de abrazarla. Ella lo comprende y le dice:
[1250]«Si no os ha de pesar, señor, me iré de aquÃ. Iré a acostarme a mi cámara y vos os quedaréis más a gusto. No creo que os plazca demasiado mi encanto ni mi compañÃa. No lo tengáis como descortés, si os digo lo que pienso. Ahora reposad bien esta noche, que me habéis cumplido tan bien vuestra promesa, que no os podrÃa reclamar en derecho nada más. No me queda más que encomendaros a Dios y marcharme».