El caballero de la carreta
El caballero de la carreta «¡Atención, doncella —dijo—, que no vais bien! ¡Venid por acá! Nunca, pienso, puede adelantarse quien se sale de esta senda.
»—Señor, iremos mejor por aquà —replicó la doncella—. Lo sé bien».
Respondió el caballero:
«No sé yo lo que pensáis, doncella, pero bien podéis ver que éste es el camino batido y recto. Una vez que por él he tomado, no me volveré en otro sentido. No obstante, si os place, idos por ahÃ; que yo iré por éste libremente».
Asà avanzan hasta llegar cerca de la mole de piedra y ver el peine.
«Jamás, por cierto, en lo que recuerdo —dice el caballero— vi tan hermoso peine como ése de ahÃ.
»—Dádmelo —dice la doncella.
»—Con mucho gusto, doncella», dice él.
Entonces se baja y lo recoge. Cuando lo tiene en sus manos, lo mira con mucha atención, y remira los cabellos. Mientras, ella empezó a reÃr. Y cuando se da cuenta, le pregunta por qué rÃe, que se lo diga. Responde la joven:
«Callad, que no he de decÃroslo por ahora.
»—¿Por qué? —dice él.
»—Porque no me importa nada», contesta.