El caballero de la carreta
El caballero de la carreta [1400]Entonces él insiste, como quien piensa que ni una amiga a un amigo, ni un amigo a una amiga deben engañarse bajo ningún pretexto:
«Si vos amáis a algún ser de todo corazón, doncella, por él os pido y suplico que no me ocultéis más vuestro secreto.
»—Demasiado en serio me lo invocáis —dijo ella—; así que os lo diré, sin mentir en nada. Este peine, si es que alguna vez supe algo seguro, fue de la reina. Lo sé bien. Y creedme además una cosa: los cabellos tan bellos, lucientes y claros, que veis prendidos entre sus dientes, fueron de la cabellera de la reina. Nunca crecieron en otro prado.
»—Por mi fe, hay muchas reinas y reyes. ¿A quién queréis referiros?», dijo el caballero.
Y ella contestó:
«¡Por la fe mía, señor, a la esposa del rey Arturo!».
Al oírla él, no pudo resistirlo su corazón y a punto estuvo de caer doblado. Por fuerza tuvo que apoyarse por delante en el arzón de su silla de montar. La doncella que lo vio se asombra y, sorprendida, temió que cayera. Si tuvo tal temor no la censuréis; creyó que el caballero se había desmayado.