El caballero de la carreta
El caballero de la carreta Y así estaba él casi desvanecido, que muy poco le faltó. Tenía tal dolor en el corazón que la palabra y el color tuvo perdidos por buen rato. Con que la doncella se bajó de la montura y corrió con toda prisa para apoyarlo y contenerlo, pues no hubiese querido, por nada en el mundo, verlo caer a tierra.
Apenas se dio cuenta, el caballero se avergonzó, y la interpeló:
«¿Qué venís a hacer aquí delante?».
[1450]No temáis que la doncella le haga reconocer la razón. Que le hubiera causado vergüenza y pesar, y se habría afligido aún más, de haber sabido la verdad. Así que le oculta con cuidado la verdadera causa, y le contesta, la sagaz doncella:
«Señor, vengo a requerir este peine. Por eso he desmontado a tierra. Tengo tales ansias de poseerlo, que pensé que ya tardaba en tenerlo en mi mano».