Del album de un cazador
Del album de un cazador —Esto es lo que oÃ. Caminaba desde Kámennaia Griada hasta Sháshkino, y al principio marchaba al lado de nuestros nogales, pero al rato me adentré por esa pradera, ya sabes, cerca de donde se encuentra con la ensenada, donde hay un estanque natural. Ya sabes, el que está lleno de juncos. Asà que, compañeros, paso al lado de este estanque, y de pronto alguien empieza a lanzar alaridos como desde dentro, tanta pena daban, algo asÃ: U-ú… u-ú… u-ú… ¡Era terrorÃfico! Era muy tarde y esa voz sonaba como si alguien estuviera realmente enfermo. Me hacÃa llorar y todo… ¿Qué podÃa ser?
—Hace dos veranos, unos ladrones ahogaron allà a Akim el guardabosques —apuntó Pavlusha—. Asà que puede haber sido su alma lamentándose.
—Ya, pues podrÃa ser eso, chicos —volvió a la conversación Kostia, abriendo sus ya de por sà enormes ojos—. No sabÃa que Akim se habÃa ahogado allÃ. Si lo hubiera sabido, no me habrÃa asustado tanto.
—Pero dicen —continuó Pavlusha— que hay un tipo de ranita pequeña que hace un ruido penoso como ese.
—¿Ranas? No, eso no eran ranas… ¿Qué clase de…? —La garza real volvió a emitir su sollozo al otro lado del rÃo—. ¡Escuchadlo! —Kostia no pudo evitar decir—. Hace un ruido como si fuera el demonio del bosque.