Del album de un cazador
Del album de un cazador —Al rÃo, a buscar un poco de agua. Me gustarÃa beber un poco.
Los perros se levantaron y lo siguieron.
—¡CuÃdate de no caer en el rÃo! —gritó Iliusha a su espalda.
—¿Por qué deberÃa caerse? —preguntó Fedia—. Tendrá cuidado.
—Muy bien, pues tendrá cuidado. Puede pasar cualquier cosa, a pesar de todo. ImagÃnate que se agacha, comienza a llenar el cazo de agua, pero entonces un espÃritu del agua lo agarra de la mano y lo empuja hacia lo más profundo. Empezarán a decir después de eso, pobre muchacho, se cayó al agua… Pero ¿qué clase de persona se cae de esa forma? Escuchad, escuchad, está entre los juncos —añadió, levantando las orejas.
Los juncos se movÃan, «susurraban», como dicen en nuestra región.
—¿Es cierto —preguntó Kostia— que esa mujer tan fea, Akulina, ha estado mal de la cabeza desde que se cayó al agua?
—Desde entonces… ¡Y miradla ahora! Dicen que solÃa ser muy guapa. El espÃritu del agua lo hizo. Seguramente no esperaban poder sacarla tan pronto. Él la corrompió ahà abajo, en el fondo del agua.