Del album de un cazador
Del album de un cazador Un cuarto de hora más tarde dije adiós a Mardari Apollónich. De camino a la aldea vi a Vasia, el mayordomo. Caminaba por la calle mascando nueces. Le pedà a mi cochero que parara los caballos y lo llamé.
—¿Te han pegado hoy, amigo mÃo? —le pregunté.
—¿Cómo lo sabe? —fue su respuesta.
—Tu amo me lo contó.
—¿El amo?
—¿Por qué te mandó pegar?
—Me lo tenÃa merecido, buen amo, me lo tenÃa merecido. Aquà no le pegan a uno por nada. No es asà como tenemos organizadas las cosas, oh, no. Nuestro amo no es asÃ, nuestro amo… No encontrará usted otro amo como el nuestro en ningún lugar de la provincia.
—¡Vámonos! —le dije a mi cochero. «¡En fin, eso sà que es la antigua Rusia!», me dije mientras me dirigÃa a casa.