Del album de un cazador
Del album de un cazador —¡Su Excelencia! ¡Sea bienvenido! —exclamó SÃtnikov.
El prÃncipe saltó del carruaje. Jlopákov se apeó despacio por el otro lado.
—Hola, buen hombre… ¿Tienes caballos?
—Para su excelencia… ¡Por supuesto! Se lo ruego, por aquÃ… ¡Petia, trae a Pavo Real! ¡Y prepara a Loable! Y usted, señor —continuó, volviéndose hacia m×, terminaremos nuestros negocios más tarde… ¡Fomka, un asiento para Su Excelencia!
Pavo Real fue sacado de unos establos especiales en los que yo no habÃa reparado. El poderoso caballo marrón oscuro parecÃa azotar el aire con sus cascos. SÃtnikov incluso giró la cabeza y entrecerró los ojos.
—¡Oh, el racaillón! —declaró Jlopákov—. J’aime ça!
El prÃncipe se desternilló de risa.
Pavo Real fue parado con cierta dificultad. Tiró del caballerizo por toda la cuadra hasta que al fin este lo empujó contra una valla. Resopló, se estremeció y estaba desesperado por salir galopando mientras SÃtnikov lo atormentaba enseñándole el látigo.
—¿A quién estás mirando? ¡Yo te enseñaré! ¡Sooo! —dijo el tratante en un tono amenazador pero cariñoso, admirando a su caballo pese a todo.
—¿Cuánto? —preguntó el PrÃncipe.
—Para Su Excelencia, cinco mil.