Del album de un cazador
Del album de un cazador —No, no llorarĂ© más —murmurĂł Akulina a toda prisa, obligándose a tragarse sus lágrimas—. ÂżAsĂ que te marchas mañana? —añadiĂł tras una breve pausa—. ÂżCuándo querrá Dios que volvamos a vernos, VĂktor Aleksándrich?
—Volveremos a vernos, volveremos a vernos. Si no el año que viene, entonces el siguiente. Parece que el amo quiere entrar en el servicio burocrático en San Petersburgo, y es posible que nos vayamos al extranjero.
—Te olvidarás de mĂ, VĂktor Aleksándrich —dijo Akulina con tristeza.
—No, ¿por qué iba a hacerlo? No te olvidaré. Solo que tienes que ser razonable, no portarte mal, obedecer a tu padre… No te olvidaré, noooo —y con calma se desperezó y volvió a bostezar.
—No debes olvidarme VĂktor Aleksándrich —continuĂł la muchacha con una voz suplicante—, te he amado mucho, eso parece, y parece que lo he hecho todo por ti… Me dices que obedezca a mi padre, VĂktor Aleksándrich… No hay razĂłn para que lo haga…
—¿Y por qué no? —él murmuró estas palabras como si le salieran del estómago, echado sobre la espalda con los brazos detrás de su cabeza.
—No hay razĂłn, VĂktor Aleksándrich. TĂş mismo lo sabes…
Ella no dijo nada. VĂktor jugueteĂł con la cadena metálica de su reloj.