Del album de un cazador
Del album de un cazador —Bueno —comenzó, mirando aún de soslayo, balanceando la pierna y dando un bostezo—, ¿llevas mucho tiempo aqu�
La muchacha no fue capaz de contestarle de inmediato.
—Mucho tiempo, señor, VÃktor Aleksándrich —dijo al fin con una vocecilla apenas audible.
—¡Ah! —se quitó la gorra, se mesó los cabellos abundantes y cuidadosamente peinados con aire satisfecho, que empezaban casi en sus cejas, y mirando a su alrededor con dignidad, volvió a cubrirse su valiosa cabeza—. Y yo casi me habÃa olvidado. ¡Después de todo, mira cómo ha llovido! —volvió a bostezar—. Hay un montón de cosas por hacer, hay que prepararlo todo, y el amo no para de quejarse. Nos marchamos mañana…
—¿Mañana? —dijo la muchacha, y le dirigió una mirada asustada.
—Asà es, mañana. Bueno, bueno, por favor —añadió con rapidez e irritación cuando vio que ella habÃa empezado a temblar y que bajaba la cabeza—. Por favor, Akulina, no llores. Ya sabes que no lo soporto —y subió su orgullosa naricilla—. Si sigues asà me voy de inmediato. Lloriquear, ¡qué ridÃculo!