Del album de un cazador
Del album de un cazador —Para ver mejor.
—Enséñamelos.
VÃktor frunció el ceño, pero le tendió el cristal.
—Cuidado, no lo rompas.
—No tienes que preocuparte, no lo haré —lo levantó con cuidado hasta su ojos—. No veo nada —añadió con simpleza.
—Es el ojo, tienes que entrecerrarlo —replicó él con la voz de un profesor descontento. Ella entrecerró el ojo delante del cual sujetaba el cristal—. ¡No ese no es, idiota! ¡El otro ojo! —exclamó VÃktor, y, sin darle tiempo de corregir su error, le quitó los impertinentes.
Akulina se rio con nerviosismo y se volvió.
—Es obvio que no es para la gente como yo —murmuró.
—¡Sin duda!
La pobre muchacha guardó silencio y exhaló un profundo suspiro.
—Oh, VÃktor Aleksándrich, ¿qué voy a hacer sin ti? —dijo de pronto.
VÃktor limpió los impertinentes con el filo de su abrigo y se los volvió a guardar en el bolsillo.