Del album de un cazador
Del album de un cazador Quien haya viajado desde el distrito de Boljov hasta la región de Zhizdra sin duda se habrá asombrado por las marcadas diferencias de carácter entre las gentes de la provincia de Oriol y las de Kaluga. El campesino de Oriol es un hombre de corta estatura, encorvado, cabizbajo, acostumbrado a mirarte por debajo de las cejas y a vivir en cabañas miserables de madera de álamo, cobra por faena, no se inmiscuye en lo comercial, come mal y luce lapti[1]; mientras que el campesino de Kaluga, que paga su renta en especies, está acostumbrado a espaciosas cabañas de madera de pino, es alto, de complexión robusta, sus ojos son vivarachos y mira de frente, con aspecto limpio y pálido, comercia en grasas y brea y calza botas los días de fiesta. Una aldea de Oriol (me refiero a las partes más orientales de la provincia de Oriol), suele encontrarse entre campos sembrados y cerca de algún barranco que, de una forma u otra, se ha transformado en un estanque sucio. Aparte de algún sauce que se tenga a mano, o un par de escuálidos abedules, no habrá un solo árbol visible en muchas verstas[2]; las cabañas se sucederán unas a otras, sus tejados cosidos con paja podrida… Una aldea de Kaluga, por otra parte, estará rodeada en su mayor parte por bosques; las cabañas serán más independientes unas de otras, estarán mejor alineadas, además de poseer tejados de tabla; las verjas cierran bien, los cercados de barro que rodean el patio no se han caído hacia dentro, ofreciendo paso al primer cerdo vagabundo… Y para el cazador la provincia de Kaluga ofrece muchas ventajas. En la provincia de Oriol, las últimas zonas de bosque y de «plazas»[3] desaparecerán en unos cinco años y no existen zonas pantanosas; mientras que en la provincia de Kaluga las zonas de bosque se extienden por centenares, y las ciénagas por docenas de verstas, y ese noble pájaro, el urogallo, no ha desaparecido todavía; abunda la becada bondadosa, así como la ruidosa perdiz, que con su revoloteo estrepitoso causa tanto alborozo como terror al cazador y a su perro.