Del album de un cazador
Del album de un cazador Escribió la receta habitual para algo que me provocara sudores, ordenó la aplicación de una cataplasma y con mucho tacto deslizó mi pago de cinco rublos en los puños de su abrigo sin dejar de emitir una tos seca y mirar de reojo. Estaba a punto de marcharse cuando iniciamos una charla y se quedó. La fiebre me atormentaba; anticipé una noche en vela y la charla con un hombre amable me alegró. Sirvieron té. Mi buen doctor comenzó a hablar. No era tonto, se expresaba animadamente y de forma bastante entretenida. Cosas extrañas ocurren sobre esta tierra: uno puede vivir durante mucho tiempo con alguien en los términos más amigables, y aun así no mantener ni una sola conversación sincera con él, desde el fondo del alma; mientras que con otra persona a la que uno acaba de conocer, en un momento uno le suelta entera la historia de la propia vida. Ignoro qué me hizo digno de las confidencias de mi nuevo amigo, a no ser que desarrollase una simpatía instantánea por mi persona, pero de buenas a primeras me relató un episodio bastante increíble. Es su historia la que ahora deseo relatar al bien dispuesto lector. Trataré de expresarme con las mismas palabras que utilizó él.