Del album de un cazador
Del album de un cazador —Asà es —dijo RadÃlov—, yo mismo lo experimenté una vez. Estuve casado, como sabe. No duró mucho… a los tres años mi esposa murió al dar a luz. Pensé que nunca me recuperarÃa; mi tristeza no conocÃa lÃmites, me golpeó de lleno, pero no era capaz de llorar, iba por ahà como un loco. La vistieron con ropas apropiadas y la pusieron sobre la mesa, ahà mismo, en esta habitación. Vino el sacerdote, vinieron los sacristanes, comenzaron a cantar, a rezar, a quemar incienso; yo hice todo lo que se debÃa, me doblé en reverencias hasta el suelo, y aun asà era incapaz de soltar una lágrima. Mi corazón se habÃa vuelto literalmente de piedra, y también mi cabeza, y no sentÃa nada. Asà transcurrió el primer dÃa. ¿Puede creerlo? Pude dormir aquella noche. A la mañana siguiente entré para verla. Era verano y el sol brillaba sobre ella de la cabeza a los pies, y relucÃa tanto. De repente vi… —En este momento, RadÃlov se estremeció—. ¿Qué cree que era? Uno de sus ojos no estaba cerrado del todo, y habÃa una mosca caminando sobre él… Me derrumbé como el trigo, y cuando recobré la conciencia me puse a gritar, y ya no pude detenerme…