Cartas de amor
Cartas de amor Dormà bien, y al despertar tú fuiste, por supuesto, mi primer pensamiento, y lamenté mucho no verte en el desayuno. Espero y confÃo en que tú también hayas dormido bien, porque la última vez que te vi, cariño, estabas tranquila y en paz. Necesitabas descansar y lo sigues necesitando, pues últimamente has estado muy tensa y agobiada por pensamientos conflictivos. PodÃa verlo, querida, aunque intenté con todas mis fuerzas pensar que mi ansiedad estaba engañando a mis ojos. Asà que, por un momento, aleja de ti todas las reflexiones confusas, todas las dudas y los miedos, Livy, porque temo, temo, temo que me digan que enfermas. Ni aun restándote un poco de tu fuerza podrÃas enfermar, pero debes recordar que incluso a la naturaleza más robusta le costarÃa resistir frente al asedio de dÃas y noches sin dormir y sin comer como el que acabas de sufrir. No te estoy hablando como si fueras una niña pequeña y débil, pues, al contrario, eres una mujer decidida, valiente, sin tonterÃas ni infantilismos. Lo que estoy intentando evitar es que tengas pensamientos y presentimientos que te inquieten. Estos pensamientos deben aparecer, pues son naturales para las personas que tienen cerebro, sentimientos y una apreciación justa de las responsabilidades que Dios les ha dado; asà que tú debes tenerlos… Pero como dije antes, mi queridÃsima Livy, modéralos, modéralos; tú tienes que ser la dueña y no ellos. Tienes que estar alegre, siempre alegre, para ello puedes pensar con más serenidad, con más calma y rectamente. Dejo mi suerte, mis alegrÃas y mis penas, mi vida, en tus manos y a tu merced, con una confianza, con una certidumbre y con una permanente sensación de seguridad, que nada puede debilitar. No tengo miedos; ninguno. Creo en ti, del mismo modo en que creo en el Salvador en cuyas manos están nuestros destinos. Tengo fe en ti, una fe tan pura e incondicional como la fe de un devoto hacia el Ãdolo al que adora. Porque sé que, llegado el momento, tus dudas y tus preocupaciones desaparecerán, y entonces me entregarás todo tu corazón y ya no desearé ninguna otra cosa en la tierra. Valoro ese dÃa más que cualquier regalo terrenal, más aún que tu preciado amor, lo disfrutaré, satisfecho y feliz. No me siento agobiado; estoy agradecido, agradecido, indescriptiblemente agradecido por el amor que ya me has dado. Me has coronado, me has elevado al trono, me has dado un cetro. Me siento con los Reyes.