Cartas de amor
Cartas de amor ¡Cuánto, cuánto, cuánto te quiero, Livy! Todo mi ser está impregnado, renovado, fermentado con este amor y cada vez que respiro, su noble influencia me convierte en un hombre mejor. Y entonces seré digno de tu inestimable amor, Livy. Éste es el feliz cometido de mi vida, la ambición más pura y la más sublime que he conocido jamás; y nunca, nunca me desviaré del camino marcado para mÃ, mientras la meta y tú estéis ante mÃ. Livy, no podrÃa decirles a tu padre y a tu madre lo mucho que les quiero, y lo cruel que me pareció llegar al abrigo de su confiada y generosa hospitalidad, e intentar robarles el sol de su firmamento doméstico y privar a su hogar celestial de su ángel. No podrÃa decirles en qué gran medida (y aun asà esto es muy poco en comparación con la realidad) he valorado y sigo valorando la enorme bendición que me han concedido. No podrÃa expresar lo muy agradecido que he estado, lo mucho que les he querido por pararse a escuchar mis súplicas cuando podrÃan haberme reprochado mi traición y haberme echado, desgracia bien merecida. Llamo a estas cosas por su nombre, Livy, porque sé que deberÃa haber hablado con ellos mucho antes de haberlo hecho contigo; y aun asÃ, mi propósito no era para nada recriminable, no habÃa nada intencionada ni deliberadamente turbio o deshonroso, podrÃa afirmarlo en el tribunal supremo del ParaÃso. Tú sabes que desdeñarÃa hacer algo vergonzoso; tú lo sabes y lo mantendrás, pues hasta ahora ningún amigo me habÃa defendido con más fidelidad y valentÃa que tú, tú, ¡tú, Perfección! ¡Ah! ¡Qué «ingenuo» soy, y cuánto me gusta ser tan «ingenuo»! No podrÃa contarles estas cosas, Livy, pero si fuera necesario, sé que tú sà podrÃas. Es más, siempre podrÃas decir, con toda confianza, que me he movido por los «recovecos» del mundo, he atravesado sus ramificaciones de punta a punta, lo he registrado, lo he explorado, lo he mirado con lupa, y lo conozco, en profundidad y de un extremo al otro; sus locuras, sus engaños, sus vanidades; todo por experiencia personal y no por elegantes teorÃas sacadas de bonitos libros de moral en lujosos salones donde la tentación nunca se presenta y es fácil ser bueno, mantener el corazón cálido y los [abundantes] mejores impulsos frescos, fuertes e impolutos. Y ahora sé cómo ser un hombre mejor y el valor que eso tiene, y cuando digo que lo seré, ¡es lo mismo que jurarlo! ¡Ahora!