Cartas de amor

Cartas de amor

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Y también sucedió algo afortunado. Sentado a su derecha durante la cena, empecé a hacerle comentarios gratuitos, pero de apreciación y admiración acerca de un retrato al óleo que estaba en la pared, y resultó que Dios hizo que ella fuera quien lo había pintado. Como yo no lo sospechaba, ¿no fue acaso un golpe de suerte? Le dije que suponía que era un retrato, pero que quizás no lo fuera, pues había una gracia y una soltura en la pose y una profundidad y un no sé qué elegante en la expresión que sugería que podía tratarse de una composición. Ella llamó a eso un buen elogio; y cuando le pregunté: «¿Para el cuadro o para el artista?»; me contestó que para la artista, que era ella. En este caso Dios fue muy bueno conmigo. Pero no siempre he tenido tanta suerte; ayer por la noche, cuando terminé de escribirte, bajé por un largo pasillo y ella estaba justo entrando por una puerta. Estaba oscuro; no podía estar seguro de que fuera ella, pero pensé que haría mejor en decir algo, pues estaba casi seguro de que lo era; así que retrocedí con respeto e inquirí, vacilante: «¿Alteza Real?». Pues bien, todo habría ido de mil maravillas si no hubiera tenido la carta en la mano; pero este hecho, y mi tono interrogativo, le hicieron pensar que había estado buscándola por toda la casa para preguntarle cómo podía enviar mi carta. De manera que me dijo que ella me lo indicaría, y me guió por el pasillo, hacia abajo, y lamenté mucho que resultara estar tan lejos. Pero yo no podía saber que iba a estar tan lejos… Y aún lo habría sido más si un soldado no se hubiera cruzado en nuestro camino y ella no le hubiese dado la carta. Así que, de nuevo, mi situación era la correcta; y así seguí, por lo menos hasta que regresamos al punto del que habíamos partido. Entonces, cuando yo ya me iba a despedir y ella tenía la mano en el pomo de la puerta, caí en la desgracia de insinuar que no había podido encontrar el salón de fumar. Con lo cual me llevó de vuelta al mismo sitio, y encontré el salón de fumar, y resulta que estaba sólo dos habitaciones más allá de donde nos habíamos encontrado con el soldado. Creo que podría haberlo encontrado solo, porque estaba en línea recta. Ordenó que encendieran fuego; y luego cruzó la habitación y cerró una puerta, por la que se colaba un poco de frío; en realidad, ella lo hizo antes de que pudiera adivinar su propósito, así que me resultó imposible reaccionar lo suficientemente rápido para cerrarla yo. ¡Madre mía! Fue una verdadera lástima que yo causara todas esas molestias; y al mismo tiempo, en parte también me alegraba, pues eso demostraba lo humano que puede ser el buen corazón de la hija de una reina, a pesar de las posibilidades que existen de que se eche a perder. Luego me envió algunas revistas (te doy mi palabra de que nunca le di a entender que quería revistas), fue idea suya…, al menos no me culpes por las cosas que no he hecho. Y luego estuve diez minutos fumando antes de vestirme. Después de esto, todo transcurrió bien; creo que no volví a cometer un error entre ese momento y la cena.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker