Cartas de amor
Cartas de amor Y también sucedió algo afortunado. Sentado a su derecha durante la cena, empecé a hacerle comentarios gratuitos, pero de apreciación y admiración acerca de un retrato al óleo que estaba en la pared, y resultó que Dios hizo que ella fuera quien lo habÃa pintado. Como yo no lo sospechaba, ¿no fue acaso un golpe de suerte? Le dije que suponÃa que era un retrato, pero que quizás no lo fuera, pues habÃa una gracia y una soltura en la pose y una profundidad y un no sé qué elegante en la expresión que sugerÃa que podÃa tratarse de una composición. Ella llamó a eso un buen elogio; y cuando le pregunté: «¿Para el cuadro o para el artista?»; me contestó que para la artista, que era ella. En este caso Dios fue muy bueno conmigo. Pero no siempre he tenido tanta suerte; ayer por la noche, cuando terminé de escribirte, bajé por un largo pasillo y ella estaba justo entrando por una puerta. Estaba oscuro; no podÃa estar seguro de que fuera ella, pero pensé que harÃa mejor en decir algo, pues estaba casi seguro de que lo era; asà que retrocedà con respeto e inquirÃ, vacilante: «¿Alteza Real?». Pues bien, todo habrÃa ido de mil maravillas si no hubiera tenido la carta en la mano; pero este hecho, y mi tono interrogativo, le hicieron pensar que habÃa estado buscándola por toda la casa para preguntarle cómo podÃa enviar mi carta. De manera que me dijo que ella me lo indicarÃa, y me guió por el pasillo, hacia abajo, y lamenté mucho que resultara estar tan lejos. Pero yo no podÃa saber que iba a estar tan lejos… Y aún lo habrÃa sido más si un soldado no se hubiera cruzado en nuestro camino y ella no le hubiese dado la carta. Asà que, de nuevo, mi situación era la correcta; y asà seguÃ, por lo menos hasta que regresamos al punto del que habÃamos partido. Entonces, cuando yo ya me iba a despedir y ella tenÃa la mano en el pomo de la puerta, caà en la desgracia de insinuar que no habÃa podido encontrar el salón de fumar. Con lo cual me llevó de vuelta al mismo sitio, y encontré el salón de fumar, y resulta que estaba sólo dos habitaciones más allá de donde nos habÃamos encontrado con el soldado. Creo que podrÃa haberlo encontrado solo, porque estaba en lÃnea recta. Ordenó que encendieran fuego; y luego cruzó la habitación y cerró una puerta, por la que se colaba un poco de frÃo; en realidad, ella lo hizo antes de que pudiera adivinar su propósito, asà que me resultó imposible reaccionar lo suficientemente rápido para cerrarla yo. ¡Madre mÃa! Fue una verdadera lástima que yo causara todas esas molestias; y al mismo tiempo, en parte también me alegraba, pues eso demostraba lo humano que puede ser el buen corazón de la hija de una reina, a pesar de las posibilidades que existen de que se eche a perder. Luego me envió algunas revistas (te doy mi palabra de que nunca le di a entender que querÃa revistas), fue idea suya…, al menos no me culpes por las cosas que no he hecho. Y luego estuve diez minutos fumando antes de vestirme. Después de esto, todo transcurrió bien; creo que no volvà a cometer un error entre ese momento y la cena.