Cartas de amor
Cartas de amor Caminamos nueve manzanas a través de una fuerte tormenta de nieve para ver al «fantasma»… una cosa misteriosa en el cristal de la ventana de un colegio que, desde la calle, parecía una bonita niña dibujada a lápiz, con lazos y otros adornos en el pelo y en torno a su rostro. Pero lo único que pude ver fue una marcada [mancha] salpicadura púrpura sobre el cristal, del tamaño de una cabeza, y que a lo único a lo que se parecía era a una vieja esponja con dos o tres de sus habituales agujeros redondos. Con un gran esfuerzo podía imaginar que se parecía un poco a esos anticuados demonios desfigurados y con cuernos de los libros ilustrados, con la boca abierta llena de colmillos; pero no podía dar más de sí mi imaginación como para ver nada parecido a un rostro humano en aquella cosa. ¡Señor! ¡Qué asunto más curioso es la imaginación! Sabes, aquí hay gente que ve en ese manchón púrpura sin forma el vivo retrato de Martha Washington; otros ven el retrato de algún hombre distinguido o algo por el estilo; Orion y otros ven todos los elementos que forman la cabeza y el rostro de una hermosa joven; y hay un montón de idiotas espiritualistas que ven un designio de Dios, el rostro de un espíritu enviado por él para confundir a los ateos en su doctrina. Si todos los tontos de este mundo se murieran, ¡Dios mío!, qué solo me quedaría…