Cuentos completos
Cuentos completos Entonces, ¡llegó la gran noticia! Una noticia asombrosa e inesperada; de hecho, una noticia jubilosa. Llegaba de uno de los estados vecinos, donde vivía el único pariente que quedaba de la familia. Era de la rama de Sally: una vaga especie de tío lejano o de primo segundo o tercero, que respondía al nombre de Tilbury Foster, septuagenario y soltero, que disfrutaba de una situación muy acomodada y, en consecuencia, era de carácter agrio y desagradable. Hacía ya mucho tiempo, Sally había intentado mantener contacto con él por carta, pero no volvería a cometer nunca más ese error. Y ahora Tilbury escribía a Sally diciéndole que su muerte estaba muy próxima y que iba a dejarle un legado de treinta mil dólares, en efectivo; pero no por afecto, ya que el dinero había sido la causa de sus mayores problemas e infortunios y quería que fuera a parar a donde pudiera seguir ejerciendo su maligna obra. El legado estaba notificado en su testamento y se haría efectivo tras su muerte. «A condición de que» Sally fuera capaz de demostrar ante los albaceas que «no había hecho pesquisas acerca del legado, ya fuera de palabra o por correspondencia, no había hecho averiguaciones relativas a su entrada en los trópicos celestiales eternos, y no había asistido al funeral».
En cuanto Aleck se repuso un tanto de las tremendas emociones provocadas por la carta, se suscribió al periódico local del área donde vivía el pariente.