Cuentos completos
Cuentos completos Esa noche no hubo lectura de novelas. Las dos niñas se retiraron pronto, ya que sus padres permanecÃan silenciosos, aturdidos y extrañamente ausentes. Los besos de buenas noches podrÃan haber sido lanzados al vacÃo, dada la respuesta que obtuvieron; los padres no fueron conscientes de ellos, y solo una hora más tarde repararon en la ausencia de sus hijas. Durante esa hora, dos lápices habÃan estado muy afanados, tomando notas acerca de sus planes. Fue Sally quien por fin rompió el silencio. Y dijo, sin gran entusiasmo:
—¡Ah, Aleck, esto va a ser grande! Con los primeros mil dólares compraremos un caballo y un pequeño carruaje para el verano, y un trineo y una manta de pieles para el invierno.
Aleck respondió con aplomo y decisión:
—¿De nuestro capital? De ninguna manera. ¡Ni aunque fuera de un millón!
Sally se sintió profundamente decepcionado, y el brillo desapareció de su rostro.
—¡Oh, Aleck! —dijo con aire de reproche—. Siempre hemos trabajado muy duro y nos hemos apretado el cinturón, y ahora que somos ricos podrÃamos…
No acabó, porque vio que la mirada de su mujer se suavizaba. Su súplica la habÃa conmovido. Entonces Aleck dijo, en un dulce tono persuasivo:
—No debemos gastar el capital, querido, no serÃa sensato. De los intereses que obtengamos de él…